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Observando el Mar

Como un relámpago tronando dentro de las venas, por un instante, a veces siento ganas de escribir. No sé por qué ni sobre qué quiero escribir, simplemente lo siento. Y sale lo siguiente:


Ver el mar por tanto tiempo sin distracciones me sorprende. Me sorprende porque hipnotiza. El mar es de esas cosas como el fuego, que entre más tiempo observamos, más irreal parece ser, más pequeño te sientes.


Llevo muchas horas haciendo eso, viendo el mar. Observo cómo los pájaros coquetean con el agua, volando tan cerca como para sentir el salpico de la ola, y suficientemente lejos como para no revolcarse en ella. Observo la fuerza que tan inocente parece ser, pero que mueve toda la tierra. Observo las burbujas que se hacen en la orilla y el sonido de ellas explotando. Lo lejos que llega, sin fin. También, es ruidoso de la manera más silenciosa.


Para cualquier persona no es la gran cosa, simplemente un cuerpo de agua, a veces incómoda por lo salada y a veces de terror por lo desconocido que lleva dentro. Pero para mí es un mundo dentro del mundo desconocido en el que vivimos, y de cierta manera, representa mi vida, como la de muchos otros poetas que lo observan con curiosidad.


Me recuerda todo lo que necesitamos en esta efímera vida: paz, fuerza y propósito— Quise poner la palabra dirección en vez de propósito, pero es muy cliché, aunque es cierto— Cada vez que me siento frente al mar me regresa la paz mental. Específicamente me hace sentirme pequeña y afortunada. No cualquier persona puede estar tres horas frente al mar un día cualquiera por la tarde, sin preocupación alguna. No es que no tenga preocupaciones, pero ninguna que me alarme en ese momento. Me hace sentirme tan afortunada que me pongo celosa de mí misma, me hace sentir una alegría que no me he ganado con mucho esfuerzo, me hace sentir que soy solo yo en este mundo.


A raíz de estos sentimientos que yo llamo "posi-negativos", me inspira a crear en este mundo y seguir escribiendo. El mar apacigua y prende. No me hace perder el tiempo mientras no hago nada, sino que recarga cada célula individual dentro del cuerpo. Afina cada vibración energética en el cerebro y enciende el relámpago que electrocuta las venas y enciende esta creatividad.


El mar es vida. Y no lo digo de manera poética como pensarás, sino más de la científica. Carga vida, minerales, sal, microorganismos, elementos, oxígeno, vida! Y aunque tú, leyendo esto, probablemente no estés frente al mar, te comparto lo que provoca en mí, que es ilusión. Hay que vivir con ilusión. El tipo de ilusión alimentada de paz, fuerza y propósito.


Ser fuertes y suaves, grandes y eficientes, cambiantes y estables. Ser genios con sentimientos y dirección, completamente ilusos y alineados con la realidad. Ser como el mar. Creo que lo que quiero decir pocas veces es lo que comienzo escribiendo, y es que no hay más que ser humanos. Eso me hace el mar: más humana.


Xoxo, Stella.

 
 
 

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